"Es mi Ángel, y a los ángeles no se les puede herir" Y con ese consuelo continuó meciéndole. Pero aquella noche era diferente, era tarde, su Ángel dormía y el monstruo de sus pesadillas apareció dando un portazo, avanzó por el pasillo y tomó la habitación. Era el monstruo de la ira, del odio, y descargó la fuerza de su frustración sobre su cara, sus costillas, su espalda, su alma... Pero, cuando se acercó a la cuna ella gritó y sacó la valentía y el corage perdidos hace cuatro años. Destruyó al monstruo. Cogió a su Ángel y salió de la pesadilla. "A mi Ángel no, a los ángeles no se les puede herir"
María García Aguado

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